La desesperación por resultados

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Entornos Instantáneos

Claroscuros de la tecnología . Uno de los grandes regalos que nos ha brindado el desarrollo tecnológico ha sido la velocidad de respuesta.

Cuando encendemos la radio o el televisor estos comienzan instantáneamente a enviarnos música o información.

Los teléfonos celulares toman una fotografía y la envían a otro teléfono celular en cuestión de segundos. Un correo electrónico, una vez escrito, se transmite instantáneamente a todos los destinatarios. Ejemplos como estos son abundantes en nuestra vida actual.

Hemos aprendido a disfrutar de la instantaneidad que la tecnología nos obsequia. Y es por esta razón que cuando estamos en las calles conduciendo nuestro automóvil y un semáforo cambia a la luz verde, instantáneamente los que están detrás comienzan a sonar su claxon.

Y también, por la que cada día somos más exigentes con un servicio rápido en los restaurantes porque si no lo obtenemos, nos desesperamos.

 Ejecutivos en entredicho . Al trasladar estas experiencias a las empresas nos hemos encontrado con ejecutivos que cada día que pasa quieren los trabajos y los resultados casi instantáneamente o como coloquialmente decimos, “para ayer”.

En las grandes oficinas, como en los pequeños negocios, observamos empleados con un ritmo de trabajo frenético. Y muchas de las veces, no por la urgencia del trabajo mismo, sino por la necesidad de entregarle el trabajo “a tiempo” a su jefe y no quedar mal con él.

En repetidas ocasiones hemos escuchado de los ejecutivos una gran variedad de respuestas a lo anterior, pero la que más nos atrae es un planteamiento que, aceptémoslo, tiene cierto sentido en los ambientes tan competidos de hoy: “el cliente no espera”.

Con esto, los ejecutivos se defienden sosteniendo que solamente están respondiendo a las exigencias de sus clientes.

Y en atención a que estos “también” quieren los trabajos y los resultados “para ayer” la cadena entonces comienza a formarse. Porque finalmente, nos dicen, alguien tiene que pagar el precio.

La presión que los ejecutivos ejercen sobre las personas es, no solamente temeraria, sino arriesgada. La presión, estratégicamente hablando, no debe ser ejercida sobre las personas, sino sobre los trabajos y los resultados.

Es solamente que nos parece normal que, si ejercemos presión sobre las personas, el trabajo y los resultados saldrán más rápido y serán mejores.

Este, es solamente un espejismo organizacional.

PARTE 1: Lo Convencional