Mediocridad en el trabajo - ¿ vivir con ella, subsidiarla o erradicarla?

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Tres debates sobre un mismo tema.
por Jesús Lechuga y Francisco Quintal

Con bastante frecuencia altos directivos de empresas de la iniciativa privada nos expresan su enorme preocupación por la mediocridad que subsiste en algunas áreas específicas de sus negocios. Mediocridad que, nos dicen, la observan tanto en las personas como en los resultados.

Para que no existan malentendidos sobre su significado, nos remitimos al diccionario.

Mediocre : adj. (lat. mediocris). Mediano. Mediocridad: f. (lat. mediocritas). Medianía: vivir en la mediocridad. Galicismo por persona de poca importancia. (V. Medianía).

Mediano : adj. Que está entre ambos extremos. Estatura mediana. Ni bueno ni malo.(Sinon. Inferior, mediocre, ordinario, regular.) Fig. y Fam. Casi malo.

En estos tiempos en que la productividad personal y de negocios es, ya no digamos deseada, sino absolutamente necesaria, subsidiar la mediocridad es un atentado.

La cultura no ayuda mucho en materia de mediocridad. En un buen número de países de Latinoamérica los medios de comunicación (léase radio, prensa y televisión) la fomentan a tal grado que amenaza arraigarse en las personas desde sus primeros años de edad.

El deporte que es una gran influencia en las sociedades es un buen vehículo para ello, especialmente el football soccer y el baseball tan populares en nuestros países latinos.

Cronistas y periodistas se encargan con descaro de acuñar, difundir y machacar frases como “perdimos, pero con la frente en alto”; o bien “eliminados, pero dieron el mejor juego de su vida”; o esta otra “sin duda fuimos mejores, a pesar de la eliminación”; frases que se van acumulando en las mentes de nuestra niñez y juventud.

En las universidades: “¿cómo te fue en el examen? Saqué siete, pero pasé, eso es lo importante”.

En la política: “no se aprobaron las reformas energética, ni laboral ni fiscal tan necesarias para el país, hay un gran desempleo, ah pero las cifras macroeconómicas van mejor que nunca”.

En los concursos: “ganó Juan... pero aquí tenemos un premio de consolación para Arturo”.

En nuestra vida diaria: “perdí mi empleo, pero al menos me dieron mi dinero”.

En casa: “maternidad abnegada: no, pobrecito, él también merece premio” (la madre refiriéndose al otro hijo que llora. El Norte 14 de marzo, 2004).

Y, finalmente, las empresas. Éstas no solamente no son la excepción; son una constante.

No es solamente en la iniciativa privada en donde la mediocridad se presenta sino sobre todo en el sector público; es por eso que parte de este debate (al final del escrito), consistirá en analizar si podemos asumir que en la iniciativa privada se pueden tomar medidas mas rápidas y mas eficaces para erradicarla.

¿De que maneras diferentes se subsidia la mediocridad?